¿Está preocupado con la idea de mandar a su hijo a la universidad? Los campamentos le pueden ayudar

Ha llegado el momento. Se están acercando a la residencia de estudiantes universitarios que va a ser el hogar de su hijo durante los próximos cuatro años. Las clases han sido seleccionadas, se ha elegido un compañero de habitación al azar y este es el momento de la verdad. Un millón de preguntas se acumulan en su cabeza: ¿Harán amistades? ¿Se aplicarán y trabajarán duro? ¿Adónde irán cuando acaben sus estudios? Como padre es muy fácil preocuparse, ¿no?

Este es el momento (lo crea o no) en el que un buen campamento de verano puede resultar de ayuda. Aquí tiene cinco razones por las cuales los campamentos preparan a los niños para ir a la universidad:

1. Los niños aprenden quiénes son en los campamentos. Entre la escuela, los equipos de diferentes deportes, las clases de piano, las tutorías de matemáticas, los eventos religiosos, las clases de gaita, la tarea y la locura general en nuestra vida, puede resultar fácil para un niño estar absorto y simplemente ir de una actividad a otra sin comprobar si las cosas superfluas tienen valor para ellos. Los niños pueden terminar haciendo las cosas de manera mecánica. Un buen campamento les permite intentar actividades nuevas en un entorno plácido, pacífico y sosegado. Todo el mundo está aprendiendo en los campamentos y esa cultura es muy propicia para el desarrollo infantil. Los campamentos pueden ofrecer a los niños la habilidad de sentirse más cómodos en su propia piel y esto es absolutamente necesario en la universidad.

2. Los niños aprenden cómo vivir lejos de casa y sobrevivir. Es algo difícil, pero básicamente queremos que nuestros hijos sean capaces de conocer a ese compañero de habitación seleccionado al azar y tener suficiente experiencia con personas desconocidas (y viviendo con ellas) que no se vayan a sentir abrumados. En los campamentos se conoce a personas de todo el mundo. Y en los buenos campamentos uno aprende a lograr metas interesantes con ellos. No hay duda de que un niño o niña que ha asistido a un campamento desde que tenía ocho años tendrá poca o ninguna dificultad en la situación del compañero de cuarto seleccionado al azar. Saben cómo relacionarse con otras personas porque ya lo han hecho en el campamento.

3. Los niños aprenden a cuidarse. Creo que los comentarios más graciosos que escucho después del verano son, “¿Quién es este niño que ahora se preocupa por sus cosas?” o “¿Cómo ha conseguido que mi hijo comience a hacer la cama?” La respuesta es que los niños formaban parte de esa pequeña comunidad que quería ganar la pizza por tener la cabaña más limpia. Pero en el camino aprendieron a cuidarse y a pasárselo bien haciéndolo. Sin ninguna duda, eso es algo que les va a servir de ayuda en la universidad.

4. Los niños observan lo que significa ser un buen líder. Los campistas aprenden esto de instructores en edad universitaria que se ocupan con mucho cuidado de la cabaña. Su atención y las cosas que hacen casi siempre refuerzan y dan validez a las buenas “sugerencias” que sus padres les habían hecho en casa, pero por algún motivo cuando un instructor chévere les habla de tomar buenas decisiones, de repente todo tiene sentido. Aprendemos mejor cuando alguien nos sirve de modelo. Observar a un universitario amable relacionarse con otras personas ofrece a los campistas un modelo de liderazgo que ellos mismos podrán usar en la universidad.

5. Los niños aprenden en qué consiste un nivel saludable de competición. No nos engañemos, en este mundo, la competición es inevitable. En los campamentos los niños aprenden tanto a triunfar como a fracasar juntos (es agradable hacer cosas con los amigos), y eso es parte del proceso de crecimiento. Aprender a levantarse después de haber fracasado en algo es una lección inestimable. La universidad es un momento en que por primera vez hay mucho en juego. Tener miedo a la competición o sentir una atracción enfermiza hacia ella pueden resultar dañino. Un buen campamento puede ayudar a los niños a aprender a conseguir un buen equilibrio entre ambas. 

Hágase un favor – si siente la tentación de preocuparse porque su hijo va a ir a la universidad, encuentre un buen campamento de verano para ayudarle a adquirir los amortiguadores necesarios para los baches de la vida. No hay necesidad de preocuparse de que su hijo no estará preparado para esta nueva experiencia.

Dan Singletary ha desempeñado la labor de director del campamento de niños Camp Timberlake en Black Mountain, Carolina del norte durante 11 años y siente una pasión desmesurada por la pesca con mosca y las barbacoas. Lea el blog original (en inglés) en www.camptimberlake.com/2013/12/worried-sending-child-college-summer-camp-can-help/.

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