El gran debate de la educación

La reforma educativa acapara las noticias en estos momentos. El esfuerzo para llevar a cabo un cambio a nivel nacional hacia un curso escolar que dure todo el año gana fuerza, y los discursos al respecto aumentan. El problema central de este debate es la pérdida de aprendizaje en el verano. Sí, desapareció la alegre disposición con respecto a "los relajados días de verano".

Y realmente, quizá haya razón para preocuparse. Según el Center for Summer Learning (Centro para el aprendizaje de verano), todos los jóvenes experimentan una pérdida de aprendizaje cuando no participan en actividades educativas durante los meses de verano. Pero, ¿el confinar a nuestros hijos a salones de clase todo el año está destinado a formar parte de la definición oficial de educación? Y, ¿son esas realmente las mejores medidas a tomar? ¿O va a producir ese razonamiento "tradicional" más daños en el desarrollo infantil que beneficios? ¿Es la pregunta sobre educación o no deberíamos replantear el problema en la manera de aprender de los niños?

Es posible que nuestros hijos estén comenzando a quedarse atrás en comparación con otros países en cuanto a logros académicos porque nos concentramos en lo que no debemos. Enseñar a los niños a aprobar los exámenes estandarizados no les enseña necesariamente a pensar por sí mismos. La educación es más que enseñarles las respuestas; es equipar a nuestros hijos con la habilidad de desarrollar la capacidad de ver las posibilidades.

Quizá la respuesta esté más allá del salón de clase, en entornos más naturales que promuevan el aprendizaje experimental, mejoren las habilidades sociales y la aptitud física, enseñen a los niños a tomar riesgos calculados en un ambiente seguro y desarrollen la mente creativa. Con la tendencia actual en nuestro sistema educativo, dejamos poco espacio para la innovación. Y lo que es más, institucionalizar a los niños hace peligrar las edades y las etapas del desarrollo infantil y amenaza el proceso de madurez que produce personas adultas sanas y productivas.

Entonces, ¿cómo resolvemos el problema de la pérdida de aprendizaje del verano sin perjudicar el bienestar y el éxito futuros de nuestros hijos y nuestro país? ¿No queremos sistemas centrados en los niños que entiendan el crecimiento y el desarrollo con el fin de preparar personas adultas productivas y sanas que contribuyan a la sociedad? Tenemos que crear "ambientes de aprendizaje". La niñez no es pasiva; no está pensada para que ocurra dentro de un recinto, y los niños aprenden de manera natural si se les proporciona el ambiente apropiado. Los campamentos de verano sin duda corresponden a esa fórmula. De hecho, los campamentos son la solución a muchas de las brechas en nuestro sistema educativo actual. Enseñan a los niños valores como la autoestima, el trabajo en equipo y el preocuparse por los demás, áreas en las cuales las escuelas tradicionales a veces causan más perjuicio que beneficio. Y permiten a todos, no sólo a los mejores estudiantes y a los atletas, prosperar y disfrutar del proceso de aprendizaje. El doctor Stephen Fine, académico y dueño de un campamento, cuya tesis doctoral examina los campamentos de verano como una experiencia de aprendizaje única, señala que "Los niños que tienen dificultades para aprender en otro entorno, a menudo tendrán éxito en los campamentos".

Relegar a nuestros hijos a un curso escolar que dure todo el año sería equivalente a una condena en la cárcel. ¿Quién dice que el aprendizaje no debe ser divertido? Como adultos, a menudo equiparamos el juego con la frivolidad y algo sin valor, pero la diversión no es eso. Es aprendizaje en acción.

La Academia Americana de Pediatría indica que "El juego es esencial para el desarrollo, ya que contribuye al bienestar cognitivo, físico, social y emocional de niños y jóvenes". El juego, absolutamente crítico para el desarrollo óptimo de los niños, ha sido incluso reconocido por el Alto Comisionado de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas como un derecho de todos los niños.

Si insistimos en "almacenar" a nuestros hijos en un curso escolar que dure todo el año y en eliminar más de este tiempo apropiado para el desarrollo, se quedarán literalmente sin niñez, porque su tiempo de juego, su tiempo creativo, se han venido erosionando constantemente desde los años 80, y en la recta final de la primera década del siglo 21, muchas personas parecen estar especialmente concentradas en reclamar el resto en nombre de la preparación para exámenes estandarizados.

Fueron pensadores innovadores los que hicieron de este un gran país. ¿Dónde estaríamos sin las mentes creativas de personas como el ex­presidente Bill Clinton, el periodista y presentador de 60 Minutes Mike Wallace y el compositor Stephen Sondheim, todos los cuales asistieron a un campamento? ¿Y qué apostaría usted que ninguno de ellos nunca dijo "El contestar preguntas de selección múltiple es lo que me hizo llegar a donde estoy hoy"?

Hay miles de campamentos de verano en este país y cada uno de ellos es una clave de la solución a la pérdida de aprendizaje en el verano. Los niños aprenden en los campamentos. Aprenden habilidades para la vida que perdurarán después de que las lecciones aprendidas en escuelas tradicionales se hayan difuminado en un revoltijo de fechas desorganizadas y ecuaciones imprecisas.