El gato y el ratón

Stephen Gray Wallace, MS Ed

Confianza, sinceridad y los controles de drogas en los adolescentes

Por Stephen Wallace, M.S. Ed.

El llamamiento del presidente Bush para incrementar los fondos federales de los programas escolares para controles de drogas ya ha vuelto a suscitar la polémica sobre la eficacia y la ética de remedios entrometidos para un país en guerra con las drogas. Dado el fácil acceso a sustancias ilegales, y su uso extendido entre los adolescentes, es un debate que merece la pena observar.

Los controles de drogas esporádicos en las escuelas comenzaron con los atletas y una filosofía de “pagar para jugar”, que sostenía que la participación en los deportes es un privilegio que se ofrece a condición de abstenerse de consumir drogas.  En una serie de normas procesales respaldadas por el Tribunal Supremo de los Estados Unidos, este privilegio rápidamente se extendió a otras actividades competitivas, desde las animadoras de eventos deportivos al ajedrez. Y ahora, en su aparición más reciente, los controles de drogas se están aplicando más ampliamente a estudiantes matriculados en algunas escuelas privadas y parroquiales.

El debate actual, representado por los conservadores en un extremo y por defensores de la libertad civiles en el otro, combina argumentos antiguos sobre la privacidad con aplicaciones tecnológicas novedosas listas para detectar y diseñadas para disuadir del consumo de drogas. En el medio quedan un gran número de personas sin decidirse y la pregunta fundamental sobre la eficacia. Y con respecto a esta cuestión, los datos se contradicen.

  • Investigadores de la Universidad de Michigan descubrieron índices prácticamente idénticos de consumo de drogas en las escuelas que tienen controles de drogas y en las que no los tienen (aunque el autor de un estudio admite que se “podría diseñar un programa de controles de drogas para disuadir del consumo de drogas”).
  • Un investigador de la Universidad Ball State/Indiana informó que el 73 por ciento de los directores de escuelas secundarias en Indiana con programas de controles de drogas esporádicos en sus escuelas indicó un descenso en el consumo de drogas (en comparación con un periodo sin ese programa) entre los estudiantes sujetos a la normativa.

Los defensores de los controles de drogas esporádicos argumentan tanto la ética (si esperamos que los estudiantes estudien y les hacemos pruebas para comprobarlo, ¿no podemos también esperar que no consuman drogas y hacerles pruebas para asegurarnos?) como los resultados (la Office of National Drug Control Policy (Oficina para la Política Nacional del Control de Drogas) cita los resultados de programas con controles de drogas en Oregón y Nueva Jersey como pruebas concluyentes de que funcionan). También apuntan el papel positivo que pueden tener los controles, ofreciendo a los jóvenes una “salida”, y suavizando la presión negativa de los compañeros con la amenaza de ser descubiertos Esto no es coacción sino refuerzo.

Por otra parte, los detractores, afirman que dichos programas no son eficaces para disuadir a los jóvenes y van en contra de clases de civismo sobre el equilibrio apropiado entre la autoridad y los derechos individuales.

En Making Sense of Student Drug Testing, Why Educators are Saying No, la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU) y la Alianza para la Política sobre Drogas sostienen que los controles no sólo son ineficaces para disuadir a los jóvenes del consumo de drogas, sino que también pueden perjudicar las relaciones de confianza entre las personas adultas y los niños. Aunque eso podría ser cierto, estudios de Teens Today (Los adolescentes hoy) de SADD y Liberty Mutual Group sugieren que el deterioro ya puede haber comenzado: a pesar de que el 95 por ciento de los padres dice que confía en sus hijos adolescentes a la hora de tomar decisiones sobre las drogas, sólo el 28 por ciento de los adolescentes indica haber sido totalmente sincero con sus padres con respecto a ese asunto. Y ahí ni tan siquiera se habla de las complicadas medidas que toman los adolescentes para ocultar, no sólo mentir sobre su consumo de drogas.

En más de unas pocas familias, la evasión se mezcla con la ofuscación, comenzando así un juego del gato y el ratón en el que hay mucho en juego, y en el que se enfrenta a los padres con los adolescentes y se frustran la confianza y la sinceridad en las que se basan esas relaciones.

Lo que parece haberse perdido de vista en este debate es la perspectiva de aquellos que se juegan más: los estudiantes mismos. La mayoría de los adolescentes (70 por ciento) dice estar preocupado sobre el consumo de drogas, lo cual resulta alentador. Sin embargo, se puede entender que muchos consideran los controles de drogas como una violación, no tanto de sus libertades civiles sino de la confianza, especialmente en ausencia de pruebas de haber hecho algo malo. También parecen dudar de su prominencia como medida disuasoria, incluso cuando son aplicados por papá o mamá. En un estudio de Teens Today, sólo un 8 por ciento de los estudiantes dijo que los controles realizados por los padres serían eficaces para mantenerlos alejados de las drogas, mientras que un 93 por ciento indicó que otras medidas aplicadas por los padres serían eficaces.

Algo positivo a destacar en todo esto es que los jóvenes reconocen los peligros del consumo de drogas y parecen compartir la urgencia de los adultos por encontrar respuestas para mantener a los adolescentes a salvo. Y todavía más positiva es una solución que ha estado presente todo el tiempo: padres que hablan frecuentemente con sus hijos sobre las drogas.

Según Teens Today, los adolescentes de los grados sexto hasta el duodécimo señalan que los padres son su influencia más grande para no consumir drogas. Y los métodos que indican como los más eficaces son quizás los más simples: hablar de los peligros y explicar las expectativas. Sin ninguna duda, los adolescentes que tienen un diálogo abierto y sincero con sus padres son más propensos a evitar las drogas, a intentar estar a la altura de las expectativas de sus padres con respecto al consumo de drogas y a decir que los métodos de sus padres para mantenerlos alejados de las drogas son eficaces. Estos adolescentes también indican ser menos propensos a consumir drogas cuando sus padres les dicen que no tolerarán ese comportamiento.

Sea cual sea el resultado del animado debate público sobre los controles de drogas esporádicos en las escuelas, una opción más segura puede ser la prevención de drogas, no tan esporádica, en casa. Un diálogo abierto y unas expectativas claras son elementos disuasores ya comprobados contra el consumo de drogas entre los adolescentes –pregúnteselo. Y también lo es la vigilancia que se ha empleado toda la vida. Después de todo, mientras el gato está ausente…

Stephen Wallace, M.S.Ed., tiene amplia experiencia como psicólogo escolar y consejero de adolescentes. Se desempeña como presidente y director ejecutivo de SADD, director de consejería y preparación de consejeros en los Campamentos Marítimos de Cape Cod, y es profesor adjunto de psicología en  Mount Ida College. Para obtener más información sobre SADD o los estudios sobre los Adolescentes hoy, visite www.sadd.org.

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